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jueves, 23 de julio de 2009

Relaciones abiertas ¿posibles?

Alguna vez vi en una película francesa (no podía ser de otra parte)la historia de un matrimonio abierto. La justificación de la mujer al respecto era: “la relación tendría mucha presión si intento poseerlo, me volvería loca, lo quiero demasiado como para perseguirlo, además estoy completamente segura de que no va a encontrar a nadie como yo, no soy una mujer insegura, y lo que tiene conmigo no lo va tener con otro. Los dos hacemos nuestras vidas, pero nos tenemos el uno al otro”.

En una época en la que ya los dos géneros somos capaces de distanciar el sexo de los sentimientos, en la que existen personas que realmente sólo viven el ahora y son conscientes que la vida y especialmente la juventud son cortas, ¿por qué insistimos en la monogamia?

¿Por qué disfrutar de una relación de pareja y conocer a otras personas debe ser excluyente?
Acaso los celos no son pura manifestación de la inseguridad, del miedo a que el otro encuentre a alguien mejor y nos abandone? ¿No es un poco ego maníaca la pretensión de ser el todo para el otro? ¿No está sobrevalorada la monogamia, a pesar de saber que casi nadie la practica realmente? ¿El estar con otras personas cambia la relación que hay entre la pareja de una relación abierta? ¿Cómo se puede estar sanamente en una relación abierta sin que pique el bicho interiorizado de la monogamia?

lunes, 22 de junio de 2009

¿El sabor del encuentro?

-Hoy me autoplageo, o autoplagio, como mas les guste, total, hay muchos que no me leen por allá-.

El otro día con una amiga hablábamos de las relaciones amorosas. Su pregunta tenía más que ver con el cómo encontrar a alguien, que con el cómo mantener una relación.

Está claro que en épocas como éstas, con la banalidad que padecemos en todos los aspectos de la vida, es natural que la soledad sea más común que las parejas felices. Es decir, uno siempre idealiza aquello que no tiene; pero muchas veces, por quedarse en la mera idealización se choca contra una pared de realidad cuando en lugar de una cosa, se encuentra con otra.
Lo natural, y siendo tantos los solitarios que vagan por doquier, sería que encontrarse sea tan simple como destapar una cerveza, pero no. La realidad nos muestra como ciegos que avanzan sin saber bien por qué, ni por dónde.

Le decía a mi amiga, que para encontrar primero hay que saber qué es lo que uno busca. Es decir, muchos, por el simple hecho de hacer de cuenta que están menos solos, se entregan a relaciones intensas, pero fugaces y lo peor, es que saben que esas relaciones tienen poca vida.

Tal vez por el mismo hecho de que una relación más duradera o que empieza sin fecha de vencimiento, requiere de mayor compromiso y, sobretodo, de mayor riesgo.

El trabajo de conocer mínimamente al otro, algo que quizás vemos como innecesario, es fundamental. Lo que uno pierde de vista, es que la única forma de conocerse a sí mismo en una relación, es dándose ese tiempo que, por lo general, nos restamos.

Es decir, una persona que nunca tuvo una relación de pareja, difícilmente sepa cómo es en una relación de pareja. Por lo tanto, cuando llega el momento de buscar alguien que lo complemente, por decirlo de alguna manera, no sabe bien qué busca.

Es por eso que es tan complicado saber qué es lo que uno necesita, y es por no saberlo que yerra en la búsqueda.

Entonces, lo primero sería conocer que es lo que a uno le falta para enfocarse en esa dirección. Y lo segundo es saber que no en cualquier lado puede encontrar eso que busca.

Mi amiga me decía que ella ‘lo da todo’, es decir, ella se entrega hasta ‘vaciarse’. Es en ese punto, en que simplemente ‘da’, que queda en una posición pasiva ante el otro, y es bueno saber que el Deseo, se alimenta del Deseo activo. Uno desea el Deseo del Otro. Y el Deseo del Otro, suele coincidir, con uno mismo. EL Otro, nos desea, entonces lo deseamos. Por lo tanto, una persona que no pide, puede confundirse con una persona que no desea, o sea que no necesita de otro.

Mi amiga aducía que el miedo al rechazo es lo que provoca su no pedido. Pero si no pedimos, ¿cómo pretendemos que el otro sepa qué es lo que necesitamos?. Todo esto es parte del conocerse. La entrega absoluta suele ser menos arriesgada, y más simple, que el hecho de salir a buscar lo que uno quiere, porque muchas veces, ni uno sabe qué es eso. Además, si las cosas no salen como deseamos, es más fácil escudarse en el ‘yo le dí todo’, y caer en la victimización, que tener que hacerse cargo de las cosas que salieron mal, planteárselas y modificarlas.

Entonces, yo me pregunto, con esto de la soledad, el no encuentro, y el miedo al rechazo, ¿uno siempre busca en el lugar en dónde hay?. Porque muchas veces, pareciera que uno insiste en lugares conocidos, en donde sabe que no encuentra nada. ¿por qué tenemos esa tendencia, caprichosa, a volver al lugar en donde terminamos perdiendo?

Una vez me dijeron, ‘tu soledad aparece dónde sentís, que aquellos que deberían darte, aparecen’. Es decir, donde esos que me rechazan y me niegan aparecen, aparece mi sentimiento de soledad. Es lógico, si lo pienso, es totalmente lógico. Porque es el rechazo de esos lo que hace que me enfrente con propia mi soledad. Es una soledad adquirida, digamos.

Lo interesante, sería saber por qué uno se hace a sí mismo este tipo de trampas. Por qué si ,al fin y al cabo, termina llorando, lamentándose por lo que no fue, y jurándose que nunca más le va a volver a pasar, vuelve a hacer todo de la misma manera. Si uno no cambia el foco, si no aprende a conocerse, a darse tiempo para conocer al otro, quien quiera que sea ese otro, si no aprende a pedir, -y para eso necesariamente, tiene que aprender qué quiere-, nunca va a salir de ese círculo vicioso y solitario, del ‘yo le di todo’, ‘ya no hay hombres’, -o mujeres-, ‘le tengo miedo al rechazo’, ‘no quiero comprometerme’. Etc. Etc. Etc.

¿Qué hacen ustedes para encontrar lo que buscan? ¿Saben qué buscan? ¿Buscan en el lugar indicado, o golpean la puerta que ya se les cerró 1000 veces?.

Interesante, ¿no?.

lunes, 16 de marzo de 2009

Mirá como te bailo

A ver, así como para animar a Johi.

El tema que nos com-pete en este post va dirigido principalmente a personas yoicas como yo, cuya principal fuente de alimento reside en la atención de sus seres queridos y cercanidades (?). Yo lo veo de la siguiente manera: a mayor atención recibida, más me quieren.

Lo que se genera entonces es una competencia interminable conmigo misma que, bueno, para los que me rodean es insoportable. Buscaré llamar tu atención de mil maneras. Vistiendo accesorios extravagantes o hablando “dificil”.

La pregunta entonces es, necesito terapia?

Bueno, eso seguro.

Pero para el resto y dentro de los parámetros aceptables, imagino que en ciertas ocasiones habrán intentado llamar la atención de ese “ser especial” que ocupa un lugar importante, ya sea en nuestra vida cotidiana o al menos en nuestra tonta cabecita.

Por ej, tengo una amiga que literalmente tackleó a su ex para que no se fuera de su casa.

Por ej, suelo poner mensajes capciosos en msn que terminan llamando la atención de cualquiera menos del destinatario -mi medio pomelo-. El patetismo entonces deviene doble y el laburo maquiavélico fue al pedo.

En fin, cuando se quiere llamar la atención de ESE o ESA, en el contexto que sea y de la manera que sea, cómo lo hacen ustedes?

Vamos, quiero ver patrones de conducta (?)

domingo, 22 de febrero de 2009

Un amigo es una luz...

Ayúdenme con otro supongamos:

Grupete de amigos. 
A todos los conocés desde hace mucho, con todos te llevás muy bien y cada vez, si es posible, un poco mejor.
Ahora bien, en el grupo, supongamos, hay dos muchachotes en cuestión:

Chico A: El que te gusta desde siempre.
La primera vez que lo viste te deslumbró. No importa que aquella vez tuvieras solamente 10 años, no. Sabés positivamente que desde siempre retuvo tu atención. El grupo también lo sabe, y de hecho esboza frases del estilo "No puede ser que entre ustedes no haya pasado nada", "Claramente, son dos vuelteros", "¿Cuándo te la vas a levantar, flaco?", "No puede ser que vos estés dejando pasar esta oportunidad", etcétera.
Hubo algún que otro sentimiento recíproco, pero por diversos motivos y malos timings de la vida, nunca pasó a mayores. 
Con el tiempo se hicieron grandes amigos, de pasarse tardes enteras tomando mate. Entre mate y mate, algún palito, pero a sabiendas que ya es un código estructural de la relación. Que ustedes sirven para amigos. Y así, las cosas marchan de maravillas. Últimamente, encima, se convirtió en ese confidente que escucha todos tus problemas.

Chico B: El que está empezando a mostrar interés.
Ahora bien, aparece Chico B. Amigo del otro, amigo tuyo. También se conocen hace mucho y siempre se llevaron con cortesía, aunque nunca tan bien como ahora. 
Por esas cosas que pasan, lo ves más seguido que antes, lo que hace que las charlas se vuelvan cotidianas y empiecen a estar al tanto el uno de la vida del otro. Con sus problemas, idas y vueltas. 
Chico B empieza a mostrar su interés. Se llevan cada vez mejor, comparten cosas que no comparten con nadie más. Las charlas se hacen más asiduas y extensas. Te mira con otros ojos. Esboza sonrisas cuando se cuelga mirándote. Y, para colmo, vos te das cuenta, en un momento de silencio, que Chico B antes era un chico más, pero que ahora se convirtió en Chico B. 


Ahora bien, ¿estará Chico B tan al tanto de tu idilio con Chico A? ¿Estará Chico B dispuesto a pasar por encima eso, y encarar como se debe? ¿Quién debe hablar primero con Chico A? ¿Chico B o vos? ¿Hay que esperar a que Chico B se decida, o ir abriéndole el paraguas a Chico A? En tal caso, ¿Chico A entenderá y cederá el terreno, sabiendo que entre ustedes no se puede, o se aferrará a eso como nene caprichoso?