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martes, 29 de septiembre de 2009

Hasta tanto

Hola,

Lo bueno de no ser el editor de este blog es que ahora puedo decir lo que pienso sin temor a la auto-censura (!). Vale decir: si, lo admito, pocas veces digo lo que pienso y mucho menos en público.

Quedó claro que el blog se cayó. O no. Quizás J. tiene una interesante estrategia de depuración de lectores.

Entiendo que se trata de un tema muy delicado. No lo vamos a resolver ni a discutir de forma acabada acá. Sin embargo creo que siempre está bueno plantear los temas que nos hacen, al pensarlos.

Siendo además que una gran mayoría de los que nos leen van a estar tentados a hablarme de dios y su biblia, francamente me tiene sin cuidado la carencia de justificación.

Hasta tanto no haya una sincera posibilidad de elección en la procreación, no seremos verdaderamente libres.

"Toda opresión crea un estado de guerra" SdB.

Lucas.-

martes, 28 de julio de 2009

To break or not to break

La hipótesis surgió a partir de un post mío -no lo voy a linkear porque soy modesta (?)-: Ellos, en definitiva, una de las cosas que más valoran de una relación, es que no les rompan las pelotas. Obviamente se trata de una generalización al voleo, pero que tiene que ver con mi propia experiencia.

Cuestión que si bien hubo muchos comentarios favorables a esta idea -masculinos, principalmente- algunas mujeres afirmaron, para sopresa mía, que a sus parejas sí les gustaba la rotura de bolas esta de la que estamos blogudeando.

La pregunta es, salvando los extremos y enfocándonos en cada caso particular, ¿romper o no romper?

lunes, 27 de julio de 2009

Segundos nombres nunca fueron buenos

Soy el menos indicado para hablar de esto porque no tengo segundo nombre (en serio! no es que me llame Gumercindo y lo ando tapando!). Pero en toda mi vida no conocí persona que estuviera conforme con su segundo nombre y, menos aún, contento u orgulloso de tenerlo ahí puesto.

El segundo nombre de los hijos es como una estantería que está destinada a homenajear a alguna abuela, o tío abuelo, como si el nombre completo de uno fuera un ranking de próceres familiares.
Los resultados -si bien en muchos casos hacen merecidos tributos- suelen ser desastrozos: ¿No se dan cuenta los papis que 'Maximiliano Jacinto' es un nombre en falsa escuadra?

Su utilidad suele ser nula. Salvo que entres a laburar en una empresa donde ya hay alguien llamado como vos y para hacerte pagar el derecho de piso y evitar confusiones, te rebautizan con tu segundo nombre, te guste o no. De la noche a la mañana pasaste de ser Matías a ser Norberto. Olvidate de levantarte a la recepcionista con semejante mote. Más que algo útil, el segundo nombre suele ser una condena.

Una de las primeras preguntas que les hacía a mis novias era su segundo nombre, el cual no pude saber -en la mayoría de los casos- hasta la sexta o séptima cita. Al poco tiempo, ellas me han dicho unánimemente: "sé que sos de llamar a todo el mundo por su segundo nombre, para gastarlo. Si le querés caer bien a mi vieja, ni se te ocurra!"
Claro, parece que las señoras no estaban muy chochas llamándose de segundo nombre Herminia o Lucrecia, pero les pusieron -también de segundo nombre- Beatriz o Adela a sus hijas.

Por lo tanto, la conclusión que se desprende de eso es que además de ser un instrumento de venganza, poner segundos nombres pedorros es hereditario.

¿Ustedes se animan a pelar acá su segundo nombre? ¿Y el de sus padres? =)